Capitalismo significa Creatividad y Benevolencia – Libera Tu Mente

LaGeorge Gilder - Riqueza y Pobreza  riqueza de América de no es un inventario de bienes; es una entidad orgánica, un frágil tejido pulsante de ideas, visiones, expectativas, lealtades, compromisos morales. Diseccionarla en vida para redistribuir es matarla. Como descubrieron en los 80s  los tecnócratas franceses del Presidente Mitterrand y la quijotesca “ecocracia” del Presidente Obama están descubriendo hoy; el Gobierno dirigiendo complejos sistemas de riqueza, pronto encuentran que están administrando un cadáver industrial, una Solyndra socializada.

Toda riqueza debe caer finalmente en la brecha entre pensamientos y cosas. Gobernado por la mente pero atrapados en la cuestión, los activos deben permitir un flujo de ingresos que se espera sean continuos. La expectativa puede moverse tan rápidamente como el pensamiento, pero las cosas, desgraciadamente, son demasiado sólidas y lentas para cambiar. El caleidoscopio de cambiantes valoraciones, el giro intermitente de ganancias y pérdidas a manos del tiempo, en la empuñadura de “Noticias”, distribuye y redistribuye la riqueza del mundo de manera mucho más rápida y segura que cualquier plan del Estado.

La creencia de que riqueza consiste no principalmente en disciplinas mentales, en ideas, actitudes y códigos morales sino en cosas definibles y estáticas que pueden ser incautadas y redistribuidas — es decir, la superstición materialista. Ha sido embrutecido con las obras de Marx y otros profetas de la violencia y la envidia. Traiciona a cada persona que busca redistribuir la riqueza por coacción. Resiste a cada revolucionario socialista que imagina que aprovechando los llamados medios de producción puede captar el capital fundamental de una economía. Deflectores de casi cada conglomerado, que creen que pueden introducirse  con seguridad en nuevas industrias por comprarlas en lugar de aprendiendo. Cada confundido burócrata de la ciencia se imagina que puede comprar o robar los frutos de la investigación y desarrollo.

Incluso si lo desea, el Gobierno no podría capturar el 1% del 1%  de la riqueza de los Estados Unidos. Como han descubierto los déspotas marxistas y tribales socialistas, desde Cuba hasta Grecia  para su enorme decepción, los gobiernos no pueden crear riqueza ni redistribuirla eficazmente. Sólo pueden expropiarla y verla  disipar. Si seguimos acosando, sobrecargando con impuestos y regulando opresivamente regular a los empresarios, nuestros políticos liberales serán sorprendidos y horrorizados al descubrir cómo rápidamente el valor físico de los medios de producción se disuelve entre tanto alambre corroído, baterías abandonadas, chatarra y podrida tierra estéril

El capitalismo es la expresión suprema de la creatividad humana y la libertad, una mentalidad productiva que supera las limitaciones del poder material. No es un simple éxito práctico, es “el peor de todos los sistemas excepto el resto de ellos,”  faute de mieux (a falta de uno mejor) un compromiso redimido por caridades y reguladores proverbiales “salvado por el Nuevo Pacto (New Deal)”.  Es una fuerza dinámica, que empuja a la empresa humana bajo espirales de disminución de costos y mayor abundancia. La ciencia subyacente, es el dominio de la captación de tecnologías. Los medios de producción de los empresarios no son la tierra, el trabajo o el capital, sino mente y corazón. Solo son duraderos los aportes de la mente y la moralidad.

Todo progreso proviene de la minoría creativa. Bajo el capitalismo, la riqueza es menos un stock de mercancías y más un flujo de ideas, la cual su definición característica es sorpresa. La creatividad es la base de la riqueza. Como lo ha dicho Albert Hirschman economista de Princeton: “la creatividad siempre viene a nosotros como una sorpresa”. Si no fuera sorprendente, podríamos planearla y el socialismo funcionaría. Joseph Schumpeter propuso la regla básica cuando declaró al capitalismo como “una forma de cambio” que nunca puede se estacionario”. El capitalismo en el paisaje puede parecer sólido y asentado, algo que puede ser capturado; pero el capitalismo es realmente una noosfera, un escape de la mente, como el vacío en proporción a una pepita de oro, es en su núcleo como la extensión del sistema solar en relación con el sol.

El empresariado es el lanzador de sorpresas. El proceso de creación de riqueza ofende a los planificadores y niveladores porque rinde montañas de nueva riqueza en formas que posiblemente no podrían ser planificadas. Pero la imprevisibilidad es fundamental para la libre empresa humana. Desafía cada modelo econométrico y al plan socialista.  Esto no tiene sentido para la mayoría de profesores que alcanzan posiciones y adquieren credenciales, siendo sistemáticamente agradables a la burocracia dirigente. La creatividad no puede planificarse porque está definida por información medida como sorpresa. Líderes empresariales — desde Sam Walton a Larry Page  o Mark Zuckerberg — ellos no ascendieron en jerarquía; crearon una nueva. No subieron a la cima de la nada; ellos fueron empujados hacia arriba por su propio éxito. No capturaron el pináculo; se convirtieron en el.

En la escena mental del capitalismo de Schumpeter, los propietarios de empresas son menos captores que cautivos de sus riquezas. Si tratan de tomarla o explotarla, esta tiende a evaporarse. Bill Gates, por ejemplo, un diez-mil millonario en el papel, comentó durante su apogeo empresarial que él fue “atado al mástil” de Microsoft.

Si Gates hubiera intentado dejar o retirar sustancialmente dinero en cualquier momento durante las primeras décadas, la empresa habría caído en valor más rápidamente de lo que él podría haber cosechado los fondos. Cuando los fundadores de Bain and Company intentaron retirar dinero en 1991, tomando $200 millones con ellos, Mitt Romney se enfrentó con la probable quiebra de la empresa. Tuvo que enfrentar el esfuerzo de Goldman Sachs para cerrarla. La una vez lucrativa compañía se derrumbó, Romney corta la cuota de sus socios a la mitad para salvar su compañía y su reputación en el negocio. David Rockefeller toda una vida devoto de semanas de 60 horas a sus propias empresas. Los miembros más jóvenes de la familia querían poseer la riqueza y forzaron la venta del Rockefeller Center a Mitsubishi. Pero descubrirían que solo pueden mantener la riqueza en la medida en que ellos sirvan y así, servir a otros en lugar de sí mismos.

La mayoría de empresarios líderes de Estados Unidos están obligados a estar en el mástil de sus fortunas. Les es permitido mantener su riqueza sólo en la medida en que la inviertan en otros. En un sentido real, pueden mantener solamente lo que regalan. Lo que ha sido dado a otros en forma de inversiones. Lo que está encarnado en una gran red de las empresas que conservan su valor sólo a través del constante trabajo y sacrificio. El capitalismo es un sistema que no comienza tomando sino dando.

Es la razón por la que la riqueza es tan difícil de crear como de mantener. Los propietarios son asediados por todos lados por aspirantes al derroche — Libertinos de la riqueza y proveedores de pobreza en nombre de la caridad, idealismo, envidia o cambio social. Burócratas, políticos, obispos, asaltantes, ladrones, vendedores de acciones, de negocios de inversión y todos los que crean poder invertir el dinero mejor que el dueño. De hecho, de todas las personas sobre la faz del mundo, generalmente son solo los dueños legales del negocio los que saben lo suficiente acerca de las fuentes de su riqueza como para mantenerla. Normalmente ellos son los que tienen el más claro interés en la creación de riqueza para los demás, en lugar de gastarlo en sí mismos.

Sin embargo, incluso mientras la acusación de que los “ricos” disfrutan de un carnaval de codicia es desestimada, no hemos explicado totalmente las razones de sus grandes riquezas, mucho menos justificado. Algunos apologistas dirán que los miles de millones del Facebook de Mark Zuckerberg, por ejemplo, son una recompensa por su brillante espíritu empresarial y codificación del software, mientras que la penuria es simplemente el resultado de la indigencia y el alcoholismo. El santo trabajador social e incluso el Presidente de los Estados Unidos, de hecho, ganan salarios modestos en comparación y no son ni impresivisores ni necesariamente menos brillantes que Mark.

Pero toda esa línea de argumentos es irrelevante. Las distribuciones del capitalismo tienen sentido, no por la virtud o la codicia de los empresarios, ni como subproductos inevitables de una mano invisible. La razón por la que el capitalismo funciona es que a los creadores de riqueza se les concede el derecho y la carga de reinvertirla. Ellos unen los conocimientos adquiridos en la creación de riqueza con el poder de perpetuarla y expandirla.

El conocimiento empresarial, los grados avanzados o el aprendizaje en escuelas establecidas tienen poco que ver con una certificada experiencia. La moda educada y cultivada desprecia el tipo de fanatismo que enfoca su aprendizaje en los innovadores que comandan. Muy a menudo la riqueza proviene de hacer lo que otras personas consideran insufriblemente aburrido o insoportablemente duro.

Las intrincadas complejidades del idiomas del software o las rutas para la basura, la mecánica de freír y congelar las papas, los laberintos de los bonos de alto y bajo rendimiento-material publicitario para empresas, la turbia historia de concesiones de petróleo o las escrituras de viviendas, los suministros electrónicos en el Lejano Oriente, las múltiples disciplinas científicas generadas para la extracción de gas natural o idear el motor de búsqueda perfecto — todo esto se considera tedioso y trivial por los poderes establecidos.

La mayoría de las personas se considera a sí misma por encima de los detalles ásperos e implacables de la vida que permiten la creación de riqueza. Lo dejan a los expertos. Pero en general, el 1 por ciento del 1 por ciento, no lo deja a los expertos, lo hace mediante la creación de nuevos disciplinas, no por saber lo mismo que los expertos sino aprendiendo de lo que estos piensan que está por debajo de ellos.

La búsqueda competitiva del conocimiento no es una pelea de perros darwiniana. En el capitalismo, los ganadores no se comen a los perdedores sino enseñan cómo ganar a través de la difusión de información. Lejos de ser un juego de sumar ceros, donde el éxito de algunos viene a expensas de otros, las economías libres suben como espirales de ganancias y aprendizaje mutuo. Lejos de ser un sistema de codicia, el capitalismo depende de una regla de oro para la empresa: la buena fortuna de otros es también la suya propia. En comercio aplica a ambos, tanto al comercio nacional como al internacional, esta regla de oro es el centro moral del sistema. En la creación de riqueza y en la trascendencia de la pobreza, el capitalismo no sólo destaca frente a los otros sistemas, también faculta y favorece un orden moral.

Richard Posner, ahora un eminente juez, fue una de mis fuentes de inspiración para la idea de que el capitalismo es intrínsecamente favorable al altruismo. “La economía de mercado”, escribió, “fomenta la empatía y benevolencia, aún sin destruir la individualidad,” porque para que  una persona prospere en una economía de mercado debe comprender y apelar a las necesidades y deseos de los demás. Como resultado, al yo tomar de sus manos la bandera prohibida del “altruismo” y ondearla a la cabeza de esta propuesta, Ayn Rand dedicó gran parte de su última conferencia pública a ir contra mis ideas. Admiro enormemente Rand,  ella se lanzo a la defensa moral del capitalismo en la cara del terror soviético y tiranía intelectual socialista. Pero hacia el altruismo cristiano cayó en una hostilidad implacable, derivada en parte de su ateísmo simplista y en parte por su desdén por el balbuceo nivelador de clérigos mojigatos.

Entonces y ahora, la mayor parte del mundo estaba involucrada en uno de los repugnantes periodos en contra del “derroche y la “codicia” capitalista. Lester  Thurow ex decano del Instituto Tecnológico de Massachusetts proclamando una sociedad de  “suma-cero”, donde en adelante cualquier ganancia de los ricos, seria extraída de los pobres y las clases medias. William Sloane Coffin, el formidable capellán de Yale, vituperando contra las orgias capitalistas de codicia y devastación del medio ambiente. Howard Zinn y Noam Chomsky pasaban denunciando el capitalismo occidental que desplazo a los indios americanos y condenaron a los israelíes por desplazar a los palestinos (en lugar de orar para que los pueblos de ambos países en vez de reclamar, canjearan tierras baldías e incrementaran enormemente las poblaciones que podían apoyar). Edward Said estaba llevando a cabo sus clases en Columbia (Embalsamando e introduciendo las obras de Frantz Fanon para el futuro Presidente Barack Obama) sobre colonización psicológica occidental y la evisceración hegemónica del tercer mundo.

Aquí vamos de nuevo, en el nuevo milenio. Los temas de explotación e igualdad de “cero suma cero” siguen obsesionando a los medios de comunicación. El Congreso permanece cautivado por estáticas reglas de contabilidad  que asumen que las reducciones en la tasa impositiva no alterará el comportamiento económico. En este modelo, la única forma de aumentar los ingresos fiscales es elevar las tasas a los “ricos”.

 

Por su parte, algunos líderes conservadores implican que nuestra crisis nacional es simplemente por algunos errores en el presupuesto, remediables a través de una enmienda a la Constitución para un presupuesto equilibrado.  El enfoque sobre cuestiones presupuestarias se agudizara en más o menos una década a partir de ahora implicando que las políticas liberales aun no han infectando nuestra economía con la esclerosis múltiple de impuestos y reglamentos de control, destruyendo empleos y familias con una maraña de argucias y reglas, torciendo los litigios y las políticas sociales. Preocupándose con los pasivos nacionales distraen la atención de la política de devaluación masiva de los activos de la nación.

“Hambrear a la bestia” es el nuevo mantra de economía conservadora. “Reducir el presupuesto” es el nuevo mandato para la prosperidad. “Mantener lo que se  gana” es visto como la base moral para bajar los impuestos. Todas estas formulaciones tienen algo de verdad, pero se centran en contabilidad repetitiva en vez de la dinámica de la empresa creativa. Los conservadores instan a bajar los impuestos, pero muchos ya no saben cómo defenderlos, distraídos como están por una economía de austeridad que obsesiona a la baja del déficit de forma contraria a la visión de la oferta de la abundancia y la imprevisibilidad.

La primera edición de Riqueza y Pobreza (1981) surgió a partir de un período esencialmente de presupuestos equilibrados y superávit comercial bajo Jimmy Carter y ayudó a lanzar un asedio a los déficits y las lagunas comerciales bajo Ronald Riqueza y Pobreza - George GilderReagan. Durante los años de Carter, el Gobierno estuvo principalmente en negro mientras que todo el mundo estaba en rojo. Bajo Reagan, sin embargo, el aumento de billones de dólares en obligaciones de gobierno fue empequeñecido por una expansión de $17 trillones de activos del sector privado gracias a empresarios creativos. En las décadas posteriores a la revolución de Reagan, los pasivos del gobierno continuaron expandiéndose, pero una vez más los valores en activos del sector privado aumentaron $60 trillones más. Sólo durante los últimos diez años o menos, los pasivos aumentaron más rápido que los activos, que se estrellaron. Mejoras en la política fiscal de tasas impositiva pueden mejorar de manera instantánea el valor de todos los activos de la economía sin ningún cambio físico en su composición material.

Oponerse a la realidad del capitalismo como una función del conocimiento y la creatividad es el comportamiento soñado — implícitamente aceptado incluso entre algunos partidarios de economía de la oferta (supply-siders)   una economía controlada de estímulo y respuesta o de “Caja de Skinner”, en donde menores tasas de impuesto imparten un estímulo de recompensa para trabajar más y tomar riesgos produciendo así más ingresos para el Gobierno. Implicando que el simple deseo de riqueza tiene algo que ver con la capacidad para crearla. Pero como Steve Forbes observa en “Cómo el Capitalismo Nos salvara”, explicar el capitalismo por el interés propio o por la  codicia, es cómo explicar que el avión se estrella por la fuerza de gravedad. Codicia y gravedad son generalidades y omnipresentes en los regímenes de todo tipo, por lo tanto irrelevantes a los extraordinarios resultados de creatividad capitalista.

Los impuestos permiten un  masivo incremento de los ingresos en la medida en que las tasas sean reducidas. Sin embargo una economía exitosa se maneja menos por bordes afiliados de incentivos como por el libre flujo de libre flujo de información y su conversión en conocimiento y riqueza a través de los experimentos falibles de la empresa. El Aumento de los ingresos no proviene del simple esquema de zanahorias y palos, sino del desarrollo y la aplicación de los conocimientos productivos.

La ecuación de tasas de impuestos más bajas y mayores ingresos tal vez sigue siendo la mayor documentada  y ampliamente negada proposición en la historia del pensamiento económico. Ha sido abandonada incluso por algunos ex partidarios de economía de la oferta  (supply-siders) que ignoran la revolución del impuesto global más allá de nuestras costas mientras obsesivamente analizan datos ambiguos de la era Clinton.

A una generación de distancia,  me es claro que los originales supply-siders,  tenemos cierta responsabilidad por el fracaso en persuadir. No fuimos lo suficientemente radicales, permitimos que nuestros propios argumentos nos atraparan la mecánica económica de Adam Smith y sus herederos. Incluso el original y brillante Gráfico de Arthur Laffer, después de todo, funcionó casi enteramente en el ámbito de las expectativas racionales, estímulo y respuesta aplicada al pobre pasivo Homo economicus. Permítanle mantener más del fruto de su trabajo y él trabajara más fuerte, hemos proclamado; aumente las recompensas netas a la inversión y habrá más inversión.

Centrándose en incentivos en lugar de información y la creatividad los economistas de libre mercado han alentado la idea de que el capitalismo se basa en la codicia, aunque los empresarios en general no se deleitan en su riqueza, porque la mayor parte no es líquida. De hecho, la avaricia sólo motiva a que el capitalista busque garantías gubernamentales y subsidios que desnaturalizan e impiden las obras de los empresarios. La crisis financiera de 2007 y más allá refleja las orgías de avaricia entre capitalistas inundados de amiguistas garantías gubernamentales y subsidios, sentados en sus  Fannies y Freddies, alimentándose en los comederos del Tesoro, privilegiados con estafas al seguro del Gobierno. La codicia lleva como por una mano invisible de un creciente bienestar y estado plutócrata — al un socialismo cercano al corporativismo fascista.

El secreto de la economía de la oferta no es meramente para incentivar a las personas a trabajar más duro o aceptar más riesgo con el fin de obtener una mayor recompensa. Eso podría hacerse bajo el socialismo. La razón de que tasas de impuestos marginales más bajas produzca más ingresos que tasas mayores es que las tasas más bajas liberan la creatividad de los empresarios, permitiéndoles recabar más información. Pueden moverse más rápidamente bajo las curvas del aprendizaje y experiencia. Pueden aprender más porque están al mando de mayores capitales en su comercio. Con más capital pueden atraer más mano de obra altamente cualificada de todo el mundo. Pueden reducir el tiempo y esfuerzo dedicado a evitar impuestos e interpretación de reglamentos bajo la asesoría de abogados y contadores. Con menos recursos desviados a la burocracia gubernamental, pueden realizar más experimentos indeterminados, probar mas  hipótesis falibles, tratar diferentes planes de negocio, generando más conocimiento productivo.

No es la ampliación de incentivos y recompensas lo que genera crecimiento y progreso, beneficios y ganancias de capital para el empresario e ingresos para el Gobierno, sino la combinación de nuevos conocimientos con el poder para probarlos y extenderlos. Ideas volátiles y cambiantes, sin fundamentos arraigados y pesados, constituyen la fuente de riqueza. No hay red burocrática  o tela de araña impositiva que pueda atrapar los pensamientos fugaces de Eric Schmidt de Google, Jules Urbach de Otoy o Chris Cooper de Seldon Technologies.

La clave de la cuestión económica no son líneas de incentivos con algún putativo bien público, sino alineando poder con conocimiento. Inversiones empresariales traen tanto un rendimiento financiero como epistémico. Capitalismo catalíticamente se une a ambas. Las economías capitalistas crecen porque ellas otorgan la riqueza a sus creadores, que ya han demostrado que la pueden aumentar. Su prueba fue siempre el servicio a otros, en lugar de a sí mismos.

Como ha escrito Peter Drucker, dentro de las empresas no hay centros de ganancias, sólo centros de costo. Si un costo particular produce un beneficio está determinado voluntariamente por los clientes e inversores. El capitalismo se alimenta de información que se encuentra fuera de la propia empresa y por lo tanto bajo el control de los demás. Sólo una orientación altruista puede golpear la incandescencia exterior de información y aprendizaje que determinan el éxito de los dones del capitalismo. 

Traducido de NATIONAL REVIEW / DIGITAL

Titulo Original: Unleash The Mind

Capitalism means benevolent creativity.

–El  Sr. Gilder es autor de 15 libros, es inversionista de riesgo y
cofundador del Instituto Discovery. Este artículo fue adaptado de el prólogo de su libro R
iqueza y Pobreza: una nueva edición para el siglo XXI (Regnery)

By George Gilder

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