La Biblia y el Capitalismo

La Biblia y el CapitalismoRichard Land, Presidente de la Comisión de Ética & Libertad Religiosa de la Convención Bautista del Sur explicaba  recientemente por qué es el capitalismo el sistema económico más compatible bíblicamente. Aunque su artículo fue corto en razonamientos y versos bíblicos, fue directo al punto más importante desde el principio. En el papel, el comunismo y socialismo parecieran trabajar, pero siempre fallan al dejar de considerar el factor más importante: el corazón impuro del hombre.

Izquierdistas y redistribucioncitas a menudo señalan el libro de los Hechos de los Apóstoles, capitulo #4  como prueba de que la Biblia y específicamente el nuevo testamento enseñan el socialismo. Por supuesto, nada podría estar más lejos de la verdad, pero ya que es un argumento tan usado, sería muy buena idea descubrir por qué la redistribución no se enseña cuando muchos creen que si. Los versículos pertinentes son el 32 al 35:

“La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos.
Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía.
No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta,
y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad.”

Observe la última frase, “según su necesidad”. Esto suena como tomado literalmente del famoso dictum de Marx; que cada uno trabaje según a su capacidad y reciba según su necesidad. Esto podría muy bien ser de donde Marx tomó la inspiración para sus opiniones, pero lo brilla por su ausencia en este pasaje bíblico es un gobierno central controlando toda la redistribución de la riqueza. En ninguna parte se encuentra allí una compulsión mediante la cual a la “multitud” le fuera mandado traer sus posesiones; fue completamente por voluntad propia.

De hecho, si leemos el capítulo siguiente de Los Hechos, encontramos la historia de Ananías y Safira, una pareja aparentemente rica que conspiraron para vender un pedazo de tierra y dar sólo una porción de las ganancias a la Iglesia. Estos dos fueron muertos de golpe por su pecado y enterrados inmediatamente. Pero ¿cuál era exactamente su pecado? La multitud de redistribuidores quiere hacernos creer que estaba robando, ya que no le dieron la totalidad de la venta a la Iglesia. ¿Sin embargo, esta interpretación no se sostiene, como aclara la admonición del apóstol Pedro a Ananías: “mientras permanecía [sin vender], acaso no seguía siendo tuyo? ¿Y después de vendido, no estaba a tu disposición? ¿Cómo es que tú has pensado esto en tu corazón? Tú no has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:4).

Note que Pedro no acusa a Ananías de robar, sino de mentir. Ananías y su esposa habían decidido vender el terreno y dar una porción de la venta a la Iglesia. Hasta ahora, muy bien. Pero donde comenzaron a fallecer, fue cuando quisieron tener una reputación similar a la de Bernabé (Hechos 4:36-37), de extrema generosidad. Cuando Ananías y Safira trajeron la cantidad de dinero a la Iglesia, pretendieron como que nada se habían guardado para ellos tratando de lucir. Este fue el pecado, no el robo. Si acaso, cuando este pasaje es leído y entendido correctamente, refuerza el punto de vista de la Biblia poniendo en alto la propiedad privada, en lugar de la propiedad comunal.

Por “mentir a Dios,” Ananías y Safira demostraron que estaban más preocupados por su reputación ante los hombres, que lo que estaban con su reputación con Dios. Eran más que Bien percibido el mantener todo lo que quisieran de la venta de sus tierras, pero creyeron que su “capital político” con la iglesia era de mayor valor que la honestidad ante Dios. Fueron condenados por la ley del acto de generosidad de Bernabé, ya no tenían capital moral para seguir con él.

Los Redistribucionistas saben muy bien de esta debilidad moral en los hombres; Marx también lo sabía y por ello ideó un sistema que incluyera a tomadores” (por la fuerza si es necesario) porque el corazón del hombre tiende al egoísmo.  Richard Land está en lo correcto; el capitalismo es el sistema económico más compatible con la Biblia, pero incluso el capitalismo puede conducir a exceso. El problema, sin embargo, no es el sistema, sino los hombres en el sistema y ningún gobierno central, Comisión de Planificación o ley humana puede compensar esto, inténtese cuanto se intente. Se necesita una ley divina y un hombre de Dios para reemplazar un corazón de piedra por un corazón de carne: uno dado a actos extremos de generosidad como el evidenciado por Bernabé, el hijo del buen impulso.

 

Título Original:

The Bible and Capitalism

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Libertad: Herencia que necesita ser defendida cada día!
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